Adiós a Tabo

Adiós a Tabo

Hay tiempo para todo, tiempo de vivir y tiempo de morir. Hoy, ese tiempo le llegó a nuestro amigo y colega Ernesto Taborda Herrera, estudió odontología en la Universidad de Cartagena pero nunca se graduó, porque por sus venas corría sangre de periodista, es decir, las pinzas y la temible fresa desaparecieron ante la fuerza del amor por escribir e investigar.
Tabo, como cariñosamente le llamábamos, estudió comunicación Social en la Universidad de Los Libertadores, comenzó su trasegar por el mundo de las comunicaciones en el periódico La Verdad, luego estuvo algún tiempo en Al día, filial de El Heraldo, y de ahí dio el gran salto a El universal de Cartagena, donde por 10 años trabajó en el área de locales y finalmente como editor político.
La temprana partida de Ernesto Taborda en medio de una situación tan difícil, nos deja varias enseñanzas. La primera de ellas es la fragilidad de la vida, hoy estamos, pero mañana no, hoy somos padres mañana nuestros hijos quedan solos, hoy dejamos un empleo que lo tomará otra persona.
Las pertenencias, los amigos, la bohemia y sobre todo la familia, se quedan con el profundo dolor, de quien nunca más volverá a sonreír, de quien nunca más dirá nos vemos en la noche.
De Ernesto me queda su prudencia, su amor incondicional por el periodismo, por ir más allá de…su amor por la música especialmente la salsa, su disposición para escuchar y conversar, su increíble condición para ignorar situaciones que le podrían robar la paz, y su carisma de buen conversador.
Con profundo dolor despedido a nuestro colega Ernesto Taborda, pedimos al Todopoderoso que lo acoja en su reino. Hoy los medios de Comunicación del Corralito de Piedra, tienen un triste agregado a la pandemia que se vive en la ciudad; la partida intempestiva del amigo, del padre, del hijo que nunca más volverá y que deja una profunda tristeza en los corazones de quienes lo conocimos.
A su familia, nuestro abrazo solidario, a los colegas de la casa Editorial de El Universal nuestro sentimiento de pesar, a su hijo una lágrima y la certeza que no estará solo, y que el legado profesional de su padre le acompañará toda la vida.
La vida es un ratico, hay que vivirla y vivirla bien. Amar más, odiar menos; convencernos que damos lo que tenemos en el corazón, que dañar a quienes nos rodean solo nos deja frustración, y un enfrentamiento interno con la conciencia que nos perseguirá donde quiera que vayamos.
A Tabo, al colega, al amigo, un adiós envuelto en lágrimas que nos toma desprevenidos, en este pedazo de espacio que se llama vida.

Comparte en:

MBG

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *